M u l t i n a t i o n a l - B l o g - o f - A r t - a n d - L i t e r a t u r e - f r o m - D e n v e r

Thursday, April 17, 2014

LA SOLEDAD DE GARCÍA MÁRQUEZ


—por Alberto Hernández—

1.-
Hace pocas horas se murió García Márquez a la orilla de un río imaginario cercano a Macondo, en México, donde también está Comala, referencia mítica de la literatura latinoamericana. No murió solo, pero tenía en la soledad su más estricto tema, su más cercano muelle para llegar al mundo que lo hizo posible luego de haber conocido el hielo y los malabares de Melquíades.

En El olor de la Guayana, conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, Gabriel García Márquez respondió al periodista acerca del libro de Macondo, si éste era el centro de su mundo, el tema de su libro. El novelista habló del asunto que más lo preocupaba:

—El libro de la soledad. Fíjate bien, el personaje central de La Hojarasca es un hombre que vive y muere en la más absoluta soledad. También está la soledad en el personaje de EL Coronel no tiene quien le escriba. El Coronel, con su mujer y su gallo esperando cada viernes una pensión que nunca llega.
Y está en el alcalde de La Mala Hora, que no logra ganarse la confianza del pueblo y experimenta, a su manera, la soledad del poder.
Y así hasta El Otoño del Patriarca y, por supuesto, Cien años de soledad.

La soledad nunca dejó de estar en las páginas de este premio Nobel que imaginó el mundo y lo escribió en medio de una totalidad solitaria.

Admitió el autor colombiano que es un tema de todo escritor, que no ha dejado de estar en la memoria del mundo. Que ha sido compañía permanente del hombre. La soledad como designio, como marca de fábrica del ser humano.

2.-
Quien navegue por las páginas de Cien años de soledad se dará cuenta de que todos los personajes “no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra”, como dice la última línea de la novela. Sería un siglo de silencio, de la arraigada soledad. El recorrido por la obra, entre los linderos de los ecos provocados por los tantos asuntos tocados por el escritor (novela total al fin), desemboca en un pesimismo de aquel pequeño mundo por el que se movían los fantasmas del autor. La soledad de aquellos pueblos, la soledad de quien la invocaba, la soledad de quien escribía sus obras luego del horario como redactor de revistas y periódicos. Una soledad que empujó al autor a irse a otra soledad. Era la Colombia torturada por su propia historia: García Márquez pasó por tantos lugares donde dejó la impronta de su silencio. En Caracas, en París, en Barranquilla, en México. De los amigos que dejó en Venezuela muchos hablaban de su alegría, pero también de su mirada interior, de su soledad, de un silencio que lo apergaminaba. Sabana Grande, La Candelaria, tantos sitios donde vivió y escribió crónicas y reportajes para sobrevivir.

Mientras tanto, se iba gestando la obra que luego lo catapultaría a la fama.
Desde La Hojarasca hasta Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez ha sido parte de una mitología. Inventor de ensueños y realidades, deja en este lugar llamado América la marca de su estilo, la huella de un sujeto, de un solo personaje, de un solo libro, que sigue consumiendo las horas de la soledad de un continente en permanente convulsión.

3.-
Antes de entrar de lleno en Vivir para contarla, García Márquez escribió: La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla. Y, en efecto, vivió largamente una vida y dejó muchas otras en páginas que se han regado por el mundo. Son tantas vidas que las recordó todas y las hizo una, solitaria, extensamente vivida, celebrada, acontecida, criticada.

Estas cortas líneas las dejo en el aire, en el mismo instante en que Gabo pasa a ser un duende solitario y ausente, porque la eternidad es la más cruel de las soledades.

Así como los muertos en las novelas de García Márquez siguen envejeciendo, así seguirá haciéndolo García Márquez en la suya, pero al contrario de los muertos literarios, el Gabo es un muerto tan vivo que seguirá dando de qué hablar.





Friday, April 11, 2014

Cuento: La casa nueva de Silvia Molina (1946) México


A Elena Poniatowska

foto: aztecanoticias.com.mx
Claro que no creo en la suerte, mamá. Ya está usted como mi papá. No me diga que fue un soñador; era un enfermo —con el perdón de usted. ¿Qué otra cosa? Para mí, la fortuna está ahí o, de plano, no está. Nada de que nos vamos a sacar la lotería. ¿Cuál lotería? No, mamá. La vida no es ninguna ilusión; es la vida, y se acabó. Está bueno para los niños que creen en todo: “Te voy a traer la camita”, y de tanto esperar; pues se van olvidando. Aunque le diré. A veces, pasa el tiempo y uno se niega a olvidar ciertas promesas; como aquella; como aquella tarde en que mi papá me llevó a ver la casa nueva de la colonia Anzures.

El trayecto en el camión, desde la San Rafael, me pareció diferente, mamá. Como si fuera otro… Me iba fijando en los árboles —se llaman fresnos, insistía él—, en los camellones repletos de flores anaranjadas y amarillas —son girasoles y margaritas—, decía.

Miles de veces habíamos recorrido Melchor Ocampo, pero nunca hasta Gutemberg. La amplitud y la limpieza de las calles me gustaba cada vez más. No quería recordar la San Rafael, tan triste y tan vieja: “No está sucia, son los años” —repelaba usted siempre, mamá. ¿Se acuerda? Tampoco quería pensar en nuestra privada sin intimidad y sin agua.

Mi papá se detuvo antes de entrar y me preguntó:

—¿Qué te parece? Un sueño, ¿verdad?

Tenía la reja blanca, recién pintada. A través de ella vi por primera vez la casa nueva… La cuidaba un hombre uniformado. Se me hizo tan… igual que cuando usted compra una tela: olor a nuevo, a fresco, a ganas de sentirla.

Abrí bien los ojos, mamá. Él me llevaba de aquí para allá de la mano. Cuando subimos me dijo: “Ésta va a ser tu recámara”. Había inflado el pecho y hasta parecía que se le cortaba la voz de la emoción. Para mí solita, pensé. Ya no tendría que dormir con mis hermanos. Apenas abrí una puerta, él se apresuró: “Para que guardes la ropa”. Y la verdad, la puse allí, muy acomodadita en las tablas, y mis tres vestidos colgados, y mis tesoros en aquellos cajones. Me dieron ganas de saltar en la cama del gusto, pero él me detuvo y abrió la otra puerta: “Mira”, murmuró, “un baño”. Y yo me tendí con el pensamiento en aquella tina inmensa, suelto mi cuerpo para que el agua lo arrullara.

foto: wordpress/el baúl de los olvidos
Luego me enseñó su recámara, su baño, su vestidor. Se enrollaba el bigote como cuando estaba ansioso. Y yo, mamá, la sospeché enlazada a él en esa camota —no se parecía en nada a la suya—, en la que harían sus cosas sin que sus hijos escucháramos. Después, salió usted recién bañada, olorosa a durazno, a manzana, a limpio. Contenta, mamá, muy contenta de haberlo abrazado a solas, sin la perturbación ni los lloridos de mis hermanos.

Pasamos por el cuarto de las niñas, rosa como sus mejillas y las camitas gemelas; y luego, mamá, por el cuarto de los niños que “ya verás, acá van a poner los cochecitos y los soldados”. Anduvimos por la sala, porque tenía sala; y por el comedor y por la cocina y por el cuarto de lavar y planchar. Me subió hasta la azotea y me bajó de prisa porque “tienes que ver el cuarto para mi restirador”. Y lo encerré ahí para que hiciera sus dibujos sin gritos ni peleas, sin niños cállense que su papá está trabajando, que se quema las pestañas de dibujante para darnos de comer.

No quería irme de allí nunca, mamá. Aun encerrada viviría feliz. Esperaría a que llegaran ustedes, miraría las paredes lisitas, me sentaría en los pisos de mosaico, en las alfombras, en la sala acojinada; me bañaría en cada uno de los baños; subiría y bajaría cientos, miles de veces, la escalera de piedra y la de caracol; hornearía muchos panes para saborearlos despacito en el comedor. Allí esperaría la llegada de usted, mamá, la de Anita, de Rebe, de Gonza, del bebé, y mientras también escribiría una composición para la escuela: La casa nueva.

En esta casa, mi familia va a ser feliz. Mi mamá no se volverá a quejar de la mugre en que vivimos. Mi papá no irá a la cantina; llegará temprano a dibujar. Yo voy a tener mi cuartito, mío, para mí solita; y mis hermanos…

No sé qué me dio por soltarme de su mano, mamá. Corrí escaleras arriba, a mi recámara, a verla otra vez, a mirar bien los muebles y su gran ventanal; y toqué la cama para estar segura de que no era una de tantas promesas de mi papá, que allí estaba todo tan real como yo misma, cuando el hombre uniformado me ordenó:

—Bájate, vamos a cerrar.

Casi ruedo por las escaleras, el corazón se me salía por la boca:

—¿Cómo que van a cerrar, papá? ¿No es mi recámara?

Ni con el tiempo he podido olvidar: que iba a ser nuestra cuando se hiciera la rifa.


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La casa nueva © Silvia Molina, 1989




Friday, April 4, 2014

OCTAVIO PAZ: LAS VOCES DE UN IDIOMA

—por Alberto Hernández—

La noche entra con todos sus árboles
Octavio Paz

1.-
Un “Viento entero” patrocina el encuentro de Octavio Paz con la eternidad. Desde su poema, desde el largo aliento de un texto pronunciado por los elementos, el poeta mexicano, hoy centenario, dice, pronuncia, canta: “El presente es perpetuo/ Los montes son de hueso y son de nieve/ están aquí desde el principio/ El viento acaba de nacer/ sin edad/ como la luz y como el polvo…”, y entonces el cuerpo de Paz –venido del viento y del polvo- se hace viento y se hace polvo sin edad, con la misma invisible carga de su silencio. Hace un siglo nació Octavio Paz. Hace un siglo comenzó su periplo verbal, un poco balbuceado entre la saliva y los dientes de leche que la poesía ya tenía previstos.

Y así como “La noche entra con todos sus árboles”, el poeta entra en la luz de su destreza inmortal. La celebración viene dada por  cada poema escrito, por cada ensayo, por cada descubrimiento, por cada volcán bajo los ojos, por cada viaje añadido a libros y palabras recibidas por oídos ajenos. La fiesta de Octavio Paz, alejada de cualquier rumbo  calculador, forma parte de un legado que tiene en México un momento, pero que se hizo americano todo y luego español, y después universal. De allí su “viento entero”, su periplo por la multiplicación de un idioma que se hizo muchos en la boca de dos continentes, en los labios de quienes lo pronuncian. 

2.-
Hace algunos años, cuando aún el tiempo pertenecía a Paz, escribí en Cambio de sombras “El laberinto de Paz”, especie de instante con su poesía y sus contemporáneos, sus águilas o sus  soles, sus vueltas y revueltas, sus críticas y cuerpos eróticos tomados por versos y reversos.

He aquí aquella bruma:

Árbol interior, Octavio Paz, árbol gramático, azteca y pirámide, poeta del cuerpo, Nobel desde hoy y para siempre por los vientos helados de Estocolmo.

La noticia se regó por todo el mundo y el Drake, hotel de arribo de Paz a Nueva York, gozó de cámaras, flashes y preguntas a un empijamado escritor que pidió, una a una, credenciales de sorpresa.

Atrás quedaban Mistral, Neruda, Asturias, García Márquez (más reciente Vargas Llosa), para desplazar los últimos desplantes del gallego Camilo José Cela en aquella  España (la bella, la tozuda, la altanera  y la perversa) del “Exercito Guerrilleiro do Povo Galego Ceibe”.

3.-
Paz siempre ha sido un indagador de los comienzos. Encontró su origen en las  voces bajo las rocas y los monumentos y de ellas —de las voces y sus ecos— hizo fuente de hallazgos. De ese trasunto “Piedra de sol”, poema útero por el que el jurado de Suecia le ajustó buenas cuentas.

foto: periodicocorreo.com.mx
“Se derrumban/ por un instante inmenso y vislumbramos/ nuestra unidad perdida, el desamparo/ que es ser hombres, la gloria que es ser hombres/ y compartir el pan, el sol, la muerte, / el olvidado asombro de estar vivos”.

Erotismo y poesía, vértigo, mareo, diapasón, centella sobre el lomo de un caballo, América sin mayúsculas para ir construyéndola.

En esa epifanía, Octavio Paz encuentra los signos del árbol cuyas raíces sanguíneas continúan el curso de los ríos gramaticales, los meandros de una poesía que a cada momento es asombro y “experiencia”.

4.-
Orgasmo, metáfora de un cuerpo que se extiende entre la sorpresa y la quietud de la inteligencia. Una poética reveladora del deseo, de la “eternidad” de André Breton en las secas tierras mexicanas, en la compañía de aquél que escribió “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía un tal Pedro Páramo, mi padre”, un tal misterio que conduce a la poesía, al silencio, a la vida, a la muerte juntas. A la polvareda de un paisaje en el que nadie traduce la soledad del otro. Pero también lleva a la desgracia. Es la América huérfana. La tierra que siempre ha buscado en vano un padre. Y cuando cree que lo encuentra resulta ser la cara del miedo, el rostro de la desolación. El rictus del terror. La simiente de un padre que también nació huérfano, cuya madre aún espera bajo el túmulo los nombres que olvidó y se hicieron tiempo de espera. Aún es una tierra surrealista. La magia de América murió con el padre, con los distintos acentos de los padres imaginados. Comala aún se busca entre los muertos. Comala es el orgasmo de esa metáfora llamada ensueño o el idioma que nos habla para hacernos y deshacernos.

5.-
Virtud extraordinaria aquella de juntar géneros, de amalgamar la inteligencia y sacarle provecho a los lugares e instantes del deseo: “los amantes se asoman al balcón del vértigo”, como si los abismos confiaran la intemporalidad.

Vuelta de hoja, un Levi Strauss para el hombre, y aquella preparación de 1921 en la voz de López Velarde: El retorno maléfico.

Vuelta de tuerca, “piel sonido del tiempo” en una América perdida en sus distintos mapas e invocaciones. Se inicia el comienzo y nos vemos en los hallazgos del poeta detrás de las piras toltecas.

Hoy, a cien años, que será siempre, tenemos a Octavio Paz con y en los giros de sus palabras hechas ríos con otros que pudieran ser Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti y los que fabrican el silencio y llevan en los ojos la herencia de un “mono gramático” en la sangre y en el tiempo.

Viento entero el de Octavio Paz, “La Poesía”: “Llegas silenciosa, secreta, / y despiertas los furores, los goces, / y esa angustia/ que enciende lo que toca/ y engendra en cada cosa/ una avidez sombría”.





Friday, March 28, 2014

La conquista del aire de Belén Gopegui



por Luis Fernández-Zavala PhD (*)


La autora española Belén Gopegui tiene en su haber una producción literaria vasta: diez novelas publicadas entre 1993 y 2011, y su novela La conquista del aire (Anagrama 1998) que hoy comentamos, fue llevada al cine con el título Las razones de mis amigos. Gopegui ha obtenido varios premios literarios y es considerada una voz importante, alternativa y fresca dentro de la escena cultural española. En La conquista… nos invita a explorar la respuesta a la pregunta de cuánta libertad tiene la pequeña-burguesía para hacerse dueña de sus propios destinos. La pregunta que podría ser propia de un estudio sociológico es respondida por Gopegui desde la ficción que no busca generalizar, sino particularizar la experiencia humana.

A través de una trama simple (las reacciones de tres amigos frente al pedido de un préstamo monetario de uno de ellos), una prosa que demuestra una fineza en el manejo de las emociones y una arquitectura narrativa en la que los tiempos y espacios de los tres personajes principales se presentan simultáneamente, la narradora quiere “mostrar algunos mecanismos que empañan la hipotética libertad del individuo”.

En el prólogo, Gopegui nos hace un invitación muy personal a seguirla en la búsqueda de una respuesta a la pregunta planteada y para que no halla dudas de su misión nos dice: “el narrador quiere saber y por eso narra”. Es decir, la ficción nos permitirá explorar la vivencias humanas, particularizándolas. A diferencia de otras novelas, en las que el lector tiene que preguntarse al final de la lectura, por el objetivo de la obra, Gopegui explicita su objetivo desde el principio. Esta forma de aproximarse al lector, meterlo directamente en un proceso de exploración conjunta se asemeja a los llamados que se dan en el teatro invitando a los espectadores a descender de su asientos y entrar en las angustias de los personajes.

Se podría decir que la ficción de Gopegui, permite hacer hablar, pensar, sentir y vivir a los  conceptos subyacentes que explican el funcionamiento de la sociedad actual —pequeña-burguesía, estructura social, súper estructura  hegemónica, etc.— convirtiendo la vida de sus protagonistas en protagonistas colectivos. El uso de variados recursos literarios entre los que destacan imágenes de exquisita y concisa elaboración en una narrativa no panfletaria, con ausencia de sentimentalismo fácil y la tendencia a no dictar una salida categórica sobre el drama de los personajes, hacen que la tarea de explorar la vida ficcional tal como es y no como debería ser, más llevadera, sutil y entretenida.

En artículo sobre literatura y política (2005) Gopegui afirma que la literatura está “hecha para contar la vida”. Aquí vale la pena recordar que el realismo en El héroe discreto de Vargas Llosa, la literatura no cuenta la vida, sino que miente sobre ella a gusto del autor, y ese es su derecho. Me atrevería a concluir que existe una distancia profunda  entre el realismo de MVLL y el de Gopegui: los autores escogen y piensan los elementos de la realidad no ficcional de distinta manera.  Las historias contadas por ambos autores suceden en contextos históricos y coyunturas específicas y afecta a sus personajes,  aún en contra de su voluntad, creando dramas personales inesperados. Sin embargo, la sociedad y su funcionamiento están presentes en el realismo de Gopegui y no en el de MVLL. Los elementos robados de la realidad, son las opciones que tiene el autor para desentrañar esa vida ficcional, los conflictos arrojados a la escena, dependen de la sensibilidad del autor para ofrecer una versión menos caótica que la vida misma; su uso del lenguaje, será la coreografía que nos amarra al drama de los personajes: los hace vendibles, aceptables, nuestros amigos o enemigos. En la ficción de Gopegui todos estos elementos están presentes brillantemente compaginados de tal forma que la historia narrada es la historia de personajes inmersos en la sociedad tal y cual es.

El contexto histórico de España de los años 90, lo aprendemos de boca de los protagonistas Carlos Maceda, Santiago Álvarez y Marta Timoner y el narrador ficticio: ausencia de partidos de izquierda, anejes en acción, la juventud todavía contestaría, desempleo, globalización, caos e inseguridad. El narrador ficticio omite eficientemente una contextualización detallista que podría haber hecho que los alcances de la exploración propuesta se encasille en una anécdota bien contada, sin transcendencia. Pero, por el contrario, la historia de estos tres amigos, se hace un poco más universal al develar los conflictos que este préstamo causa debido al diferente significado de dinero para cada uno de ellos.

¿Es el aire la metáfora adecuada sobre la libertad individual?

El aire que respiramos todos (aun que este contaminado por la irracionalidad globalizada) no es una mercancía. Todos tenemos acceso a este vital elemento sin entrar en relaciones de intercambio (mercado). Sin embargo, pareciera ser que el sistema capitalista, unos tienen más “aire” (recursos) que otros. La pequeña-burguesía gracias a su acceso a la educación y a las profesiones tiene más espacio (más aire) para tomar decisiones sobre sus proyectos personales que los sectores sociales proletarizados y pauperizados, pero no sin conflicto. La conquista del aire (la libertad individual) es una lucha invisible, etérea, omnipresente, conflictiva, hasta a veces una ficción más en la vida cotidiana de la pequeña-burguesía. La pequeña burguesía decide pero no elige, aunque tenga más aire.

¿Por qué y cómo se angustian?

Sus angustias se derivan de la búsqueda de la adecuada respuesta ética-racional ante el préstamo del dinero y ante la realización de sus proyectos personales que no pueden controlar. Una solidaridad amical surgida en sus años de la “inocencia heroica” (palabras mías), donde discutían de todo y buscaban dar respuestas a lo irracional del sistema y suponemos, también ligada al activismo político, se enfrenta a una situación diferente: todos ellos tienen proyectos personales aislados —la comunidad de intereses ha desaparecido— y ya están insertos dentro de la complejidad del mercado y sin una praxis política. Su conciencia crítica no tiene asidero en su práctica social. El dinero del préstamo es sólo un instrumento para desenredar el manojo encarnizado  de las relaciones sociales, económicas e ideológicas en la que se hayan. El dinero no es la esencia, dirá Gopegui en el prólogo. Es la manifestación más obvia del sistema. Son las  funciones sociales y económicas capitalistas hegemónicas las que “se anidan en la conciencia moral del sujeto” y lo van minando hasta hundirlo en la soledad.

Los tres amigos

Carlos Maceda es el que pide el dinero para enfrentar la crisis de su empresa Jard. Tiene un hijo menor que apenas aparece en la trama para mostrar que es un padre amoroso; su esposa Ainhoa tiene su propio proyecto: aspira a ser médica. Son muchos los momentos de silencio entre ellos. Ainhoa no se siente parte de su proyecto-utopía de construir una empresa en la cual todos sus integrantes se beneficien: una comunidad económica sin explotadores y explotados. Es más, la vehemencia de Carlos en torno a su proyecto los va separando. De los tres amigos, Carlos es el hombre de acción, él sí tiene un proyecto claro. Se siente incómodo ante la imposición hecha a sus amigos.

“Desde su empresa intentaría preservar un recinto civilizado en la selva del capital”.

Santiago Álvarez es profesor de historia moderna en la universidad. Ha aceptado su rol como profesor investigador, sin ninguna vehemencia. Se siente el más alejado de las urgencia del dinero y protegido del sistema dominante. El que Carlos le haya pedido dinero lo pone a la altura de sus amigos. Le gusta no ser más acomodado. No quiere entrar en el juego del arribismo. Aquí vale la pena mencionar que Santiago decide especializarse en la obra de Mendeville, un filósofo del siglo XVIII, que postulaba que lo hace progresar a la sociedad son los intereses individuales. Él es el escapista del grupo.

“...Le gustaba que Carlos le hubiera pedido dinero . Porque significaba que el era un igual, que era como Marta, alguien nacido de pie, alguien que aunque perdiera cuatro millones seguiría viviendo del mismo modo pues ya había consolidado su posición, había salido, como decía su madre, adelante”.

Marta Timoner es la que menos urgencia tiene de dinero. Proviene de una familia acomodada. No tiene un relación fluida con Guillermo que le propone una vida en común a más largo plazo (eso es lo que significa la compra de la vieja casa). Marta quiere su compañía pero su diletantismo es obvio. No es reconocida profesionalmente en el Ministerio de Transportes donde hace alianzas con su primer jefe para sacar proyectos interesantes de servicio público. El eficientismo no es neutro.

“...Ella solo podía hablar de medidas eficaces y no de medidas buenas. Los fines los fijaban otros”.

Madrid
Marta  puede arreglárselas como consultora internacional y puede esconder su soledad en el trabajo. Ella quiere tener más control en su vida profesional y amorosa. Marta representa el típico rol del burócrata asalariado.

“Ella quería pertenecer al contingente de personas que concebían un destino distinto del destino un poco  mezquino, un poco satisfecho, bastante entretenido de cualquier miembro bien situado de la clase media”.

Los tres amigos tiene una relación diferenciada con el dinero, pero todos lo necesitan de una u otra manera. Este es origen de las contradicciones: uno lo necesita para mantener una  empresa funcionando en un sistema hostil de explotación, monopolio y competencia; otro lo maneja en función de no consumir demasiado y protegerse del sistema,  en tanto que, finalmente, Marta quiere reconocimiento.

Si al comienzo de la novela y durante el desarrollo de la trama, el insomnio atormentaba a los tres personajes, al final de la novela, ellos logran dormir, cansados de sus contradicciones en “un mundo  ordenado en apariencia”. El lector tendrá que caminar muy de cerca a través de las inter-subjetividades de los tres amigos para conocer qué les hizo recuperar el sueño.

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(*) Autor de El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas.





Saturday, March 22, 2014

Tres poemas y la voz lejana de Juan Ramón Ortiz Galeano


—por Alberto Hernández—


I
Una voz lejana destaca en las palabras de este autor que encuentra en el primer poema eco de Mercedes Sosa, la cantante argentina que nunca olvidó entonar los dolores y alegrías de su continente. Se trata de un texto lleno de referentes, de nombres y lugares, de silencios y signos de admiración que convocan al lector a estar despiertos, animado a continuar haciendo del recuerdo y de cierta animosidad histórica y social parte de sus adentros.

Diálogo con alguien que escucha o lee. Es un poema que reclama, que intenta sacar del silencio el olvido. Por eso le pide a la fallecida cantante que siga canta, pero en realidad se trata de una reconvención, de un esfuerzo, de una invitación a que todos cante por lo mismo que lo hacía la vieja trovadora gaucha.

Un murmullo entonado [1]

“Yo voy andando y cantando,
que es mi modo de alumbrar”
Atahualpa Yupanqui

¡Así es! ¡Tránsito de las voces,
llanto de las cuerdas, crepitar de los tambores!:
hoy, la tierra se ha quedado sin canto,
el llanto de América se ha quedado sin nombre;
hoy ha muerto la mujer más bella,
la madre de todas las voces.

¿Acaso la Luna Tucumana
volverá a ser una pálida mancha
en el oscuro manto de la nada, en el vacío?

¿Acaso la Tierra Americana
ha perdido el canto perfecto
que la envolvía de la noche a la mañana?

Pero...
escucha...
Tucumán querido...
escucha...
Resistencia Latinoamericana...
¿Qué es aquello que palpita desde el valle,
desde el bosque infinito, desde el arroyo tibio,
desde el río y la montaña?

Hay un profundo murmullo
que palpita y se levanta
agitando el aire dulcemente,
un entonado murmullo que avanza y crece
acariciando el viento con su roce,
más allá de la tristeza, de la agonía,
más allá del aplauso mudo
y del huérfano llanto de las voces.

Es la Voz que representa la Lucha y el Coraje.
Es la Voz de la Resistencia.
Es la Tierra que canta.
Es tu voz, América Latina, ¡es Mercedes!
¡Es su canto que no muere
y siempre avanza!

¡Siempre avanza!
¡Siempre avanza!

¡Canta, Mercedes! ¡Canta!

A Mercedes Sosa



II
Un evento trágico convierte la voz de un hombre en desgarramiento, en invocación. El segundo poema es la traslación de ese dolor, hacerlo palabras para que no se extravíen los muertos, los niños que recibieron la luz del cielo y fueron borrados por la muerte.

Fue el cielo quien los rescató de la tierra, suerte de ángeles votivos, de luces transitorias. Los cuatro niños fueron levantados por una luz poderosa, una luz que hace del poema una canción que desgarra y acuna a alguien en el calor de la muerte. Quien escribe cría la ilusión de una cuna en el corazón de quienes ya no están.

Dioses dietéticos [2]

mi niño muere en la playa partido por un rayo
y yo tengo un Dólar de plata atravesado en las piernas
con todo el ímpetu necesario para callarme;
tijeras, cremas, fragancias,
tabaco ya no son útiles
nada alcanza porque nada resucita,
ni el encendedor dorado que arrojé contra la biblioteca
torciendo la tapa de su fuego ahora muerto,
caído entre revistas y dioses edulcorantes

enfoco mi vista hacia la costa nuevamente:
un enjambre de ángeles rubios, inverosímiles e imbéciles
arropa el alma de mi niño con prendas de moda
llevándolo entre mieles y almíbar
curan a mi niño
arropan a mi niño
abrazan a mi niño
elevan a mi niño montando un rayo



III
Juan Gelman aparece en estas líneas y resucita, adolorido, como siempre andaba. El texto se ancla en el poeta muerto. Lo relaciona con Dylan Thomas, los califica y lo eterniza en la misma búsqueda que la eternidad no podrá devolver. Es un poema de revelación. En el que alguien, en este paso Gelman, dialoga con otro y se descubre en su propia permanencia.

La Sustraída y el Preguntón [3]

¿A quién debería encontrar yo
en el país del vino? (...)
¿el ingeniero que se perdió en el mar
hace cuarenta máquinas?
Juan Gelman

“El que está seguro de todo,
es lo más parecido que hay a un imbécil”
José Manuel Caballero Bonald

En el País del Vino encontrarás
al Poeta derrotado (sobrio),
quien iluso y confiado permitió —sin avalar—
el secuestro impetuoso de su Luna.

El Ingeniero no se ha perdido en el mar,
simplemente cambió sus coordenadas
y su identidad, para no ser hallado;
es más, dejó sus señas para vos, Gelman,
por si preguntabas.

HABLA EL NARRADOR:

Dylan Thomas extendió su mano
alcanzándole al curioso y joven Gelman
una pequeña tarjeta negra,
en cuyos caracteres blancos
—impresos en leche de cabra—: podía leerse:

“Yo solía ser El Ingeniero,
mi nuevo nombre es:
Infame Secuestrador de la Luna del Poeta.”



Todos los poemas: © Juan Ramón Ortiz Galeano [4]

 
Juan Ramón Ortiz Galeano




[1] Un Murmullo Entonado fue escrito el 5 de octubre de 2009, a horas del fallecimiento de la señora Mercedes Sosa. Resultó Mención de honor "Concurso Flor de Poesía 2011" (Buenos Aires, Argentina), organizado por Centro Cultural "El Perro" y Bar Notable "Los Laureles". Pertenece al libro De la Patria Sangrante y la Aldea Enloquecida.
[2] El 9 de enero de 2014, por la tarde, un rayo cayó en Villa Gesell y produjo la muerte de cuatro jóvenes: Nicolás Ellena (19), de Junín; Agustín Irustía (17), de San Luis; Gabriel Rodríguez (20), de Henderson; y Priscila Ochoa (16), de San Luis. Escuché la terrible noticia de manera incompleta por radio AM, en mi departamento de La Plata; percibí que un niño pudo morir en el accidente, y escribí este poema en forma inmediata, guiado por un profundo sentimiento de injusticia, bronca e impotencia. Murieron cuatro niños, lo eran de sus padres. Todos lo somos. Un rayo nos trae, un rayo nos lleva: ¿acorde o contradictoria Divinidad? Dioses dietéticos pertenece al libro inédito “Los Arrebatos del Epígrafo”.
[3] La Sustraída y el Preguntón resultó Finalista Premio del Público Canal Literatura y pertenece al libro inédito “Los Arrebatos del Epígrafo”.
[4] Juan Ramón Ortiz Galeano. Poeta y narrador argentino nacido en Buenos Aires en 1975. Tiene estudios de Derecho (Universidad Nacional de La Plata). Obtuvo distinciones en numerosos concursos literarios y sus textos fueron incluidos en diversas antologías y revistas culturales.
Twitter: @OrtizGaleano