M u l t i n a t i o n a l - B l o g - o f - A r t - a n d - L i t e r a t u r e - f r o m - D e n v e r

Thursday, July 25, 2019

El HOTEL QUE LA HABITABA Cuentos trashumantes - Las buenas mentiras de la ficción de Luis Fernández-Zavala


La ficción literaria es una buena mentira
bien contada en el papel.
Luis Fernández-Zavala

El autor peruano Luis Fernández-Zavala nos entrega su segunda colección de cuentos cortos ("un poquito más largos", según él) bajo el título El hotel que la habitaba. Cuentos trashumantes (Pukiyari 2019). Seis historias cuyas tramas nos llevaban a un periplo vehemente hacia Lima, el norte de Francia y el norte de New Mexico en contextos históricos diferentes: la Lima de los años setenta, de los años noventa y la actual, y New Mexico en 1917 y 1944. De ahí el añadido de Cuentos trashumantes al título del libro poniendo así el énfasis en lo errante, lo peregrino y nómada de sus historias, tanto en lo geográfico como en el tiempo.

El autor sedimentó su trabajo literario en la "ciudad diferente" de Santa Fe, New Mexico; desde allí, él vive su dualidad de migrante-escritor que se ve reflejada en esta colección de cuentos. Sin embargo, lejos de dejarse seducir por la nostalgia típica del migrante que tiende a caer en el juego de la memoria alterada por la lejanía, Fernández-Zavala la transfigura en ficción con la ventaja que le brinda la distancia psicológica sobre dos mundos todavía presentes en su cotidianidad. Él mismo nos ha dicho alguna vez que "la nostalgia es una mochila que el migrante carga toda su vida y le es imposible llenar". La memoria se distorsiona selectivamente y se convierte en melancolía, pero para algunos no necesariamente en ficción. "La plaga de la memoria" según Leonardo Padura, persigue a algunos autores que no dejan de soñar en el mundo que dejaron. Sin embargo, quizá lo más importante y diferente en la narrativa de Luis Fernández-Zavala es que él sabe de este juego de la memoria y lo utiliza conscientemente haciendo literatura contemporánea con ojo avizor, haciéndola creíble y amena. Dimensionando la nostalgia se puede dar rienda suelta a su creatividad y mentir a su gusto, tal como las historias se lo demanden.

El hotel que la habitaba nos sitúa dentro una Lima caótica y maltratadora de sus habitantes, en historias fantasmagóricas del Gran Hotel Bolívar. Verónica, el personaje central de la historia, es una joven madre soltera que trabaja como mesera en el hotel. Durante sus pesquisas para determinar qué estaba pasando en la habitación 366, Verónica se encontrará con personajes del pasado y de la época actual, los cuales tienen razones muy particulares para fijar su estadía en este "cuadrado castillo blanco, taciturno y ceremonioso..." del pasado.

el escritor peruano Luis Fernández-Zavala. Foto:Amazon
Aprender a esperar frente al mar nos cuenta la historia de un escritor cuarentón que tiene un love affair con la hija de su mejor amiga durante su visita turística a Perú. Su "misión peruanizadora" para con la francesita, se convierte en una relación romántica durante el periplo turístico. La historia se complica cuando su mejor amiga muestra también un interés romántico hacia Sergio. Éste esperará el término de su relación efímera frente al mar en las costas norteñas de Francia, tal y como lo aprendió desde su niñez, frente a las orillas de la Mar Brava en el Callao. Sergio le dirá a su joven amante: "Yo solo quería verte una vez más frente al mar, quizá para sentirme menos solo. El mar siempre me anuda a mitos benévolos y lo hace todo más fácil: las esperas, las despedidas, las partidas..."

Alitas de pollo es uno de los cuentos más cortos de esta colección. Un joven poeta se pasa la noche escribiendo un poema para que su amiga lo acepte como su enamorado. El resultado no es como lo esperaba. No se puede forzar el amor con un poema o con cien poemas, pero éste puede ser el origen de la chispa que encienda la vena literaria del joven poeta.

Las acciones de los últimos tres cuentos suceden en New Mexico. Dos abuelas y Huevos de Pascua nos llevan de nuevo a San Juan, pueblo ficticio creado en su primer libro de cuentos. Conoceremos a doña Guillermina y a doña Jesusita, dos abuelas que con dos estilos de vida diferentes, tratan de darle lo mejor de su amor y enseñarle a Lorenzo a amar la vida en los tiempos aciagos de la Segunda Guerra Mundial. En Huevos de Pascua, Lorenzo con su nueve años curiosos, aprenderá acerca de los ritos sangrientos de los Penitentes durante la Semana Santa, se cuestionará su fe, mientras una detective improvisada busca resolver el caso del aparente asesinato de un miembro de la cofradía de Penitentes.

En el último cuento de esta colección, el autor miente a su gusto. Como es conocido Trotski, el revolucionario ruso, residió en New York por tres meses en 1917. Era la época de también de la presencia en esta ciudad de una corriente de intelectuales y artistas contestarios. El autor hace que estos personajes se interrelacionen para descubrir el llamado Atlantis Rojo, que era como se le conocía a la "nueva realidad" existente en Taos, New Mexico. En esta historia la realidad y la posibilidad, la historia y la ficción, lo conocido y lo imaginado se juntan para presentarnos un relato finamente hilvanado y creíble. ¿Estuvo realmente Trotski en Taos? ¿Mabel Dodge Luján, (la rica heredera y feminista autora de Edge of Taos Desert:An Scape To Reality ), y Trotski se conocieron? ¿Los pintores de la Sociedad Artística de Taos que difundieron la imagen de los Indios Taos, realmente fueron contestarios y amigos de Trotski? El autor nos propone creer que sí.


(*) Disponible en Amazon y Kindle.





Sunday, June 9, 2019

Esa muerte existe de Jennifer Thorndike: Maldad y entorno social


—por Luis Fernández-Zavala. Ph.D. (*)—

foto:enlima.pe
Jennnifer Thorndike es una escritora peruana cuyo talento literario está dando mucho que hablar con solo dos novelas y dos libros de cuentos entre 2007 y 2016. Sus cuentos han sido traducidos al portugués, francés y al inglés y aparecen en diversas antologías. En esta oportunidad queremos comentar su novela Esa muerte existe (Random House, 2016).

Si algo caracteriza esta novela corta (159 páginas) es el cuidadoso armado de los detalles tanto gráficos en la carátula, como en el texto mismo, diseñados para encerrar al lector y no dejarlo salir hasta llegar a conocer la historia perversa de Sofía, su hermana Lucía y su abuelo. Desde la carátula en negro con un rostro de mujer con los ojos vendados, comenzamos a transcurrir página tras página, palabra tras palabra, en el mundo oscuro de una familia disfuncional. El efecto claustrofóbico sobre el lector es contundente.

El tema en sí mismo de la novela no es nada nuevo: la competencia entre hermanas. Sin embargo, lejos de embarcarnos en una fútil trayectoria de anécdotas nimias, la autora, usando todo el poder descriptivo de su pluma y la intensidad de su creatividad, nos adentra en la cavernas de una relación familiar basada en la opresión, deshumanización, la dialéctica de la codependencia y la humillación en que se ven envueltas las hermanas. No se nos presentan emociones simples, al contrario, la complejidad de la relación entre las hermanas transciende sus características individuales, ellas forman una unidad destructiva y necesaria, producto de la historia aberrante de sus padres y de su abuelo.

La otra muerte.

Las hermanas son rescatadas del albergue por el abuelo ("el Monstruo") para evitar que mueran en la desolación en que morirían sus padres en ese mismo lugar. Pero les espera otro tipo de muerte: la que las deshumaniza día a día y las inserta en un sendero oscuro que su abuelo ya había caminado. Sofía, "La larva", encarna todo lo opuesto de lo que el abuelo quiere resaltar perversamente en Lucía: lo bello, lo inteligente, lo sexi, el placer escondido, y hasta tiene un valor de cambio si es que logra alquilarla a los productores de comerciales, y un valor de uso para sus apetitos sexuales. La otra hermana, es “La esclava”, un objeto sub humano, una larva por ser fea y deforme que solo tiene valor de uso para servir a su hermana. El desprecio del abuelo por Sofía es algo que Lucía necesita para reivindicar su poder sobre su hermana; servir a su hermana es para Sofía una necesidad contradictoria: al servirla ella misma crea una mutua dependencia odio/amor:

"¿Cómo vas a sobrevivir tú sola? le dije. Entonces se calmó y repitió que necesitábamos estar juntas. Y tenía razón: solo nos teníamos la una a la otra. Éramos parásitos, yo de su dolor y ella de mi odio".

Las hermanas se necesitan hiriéndose. Pareciera ser que su mantra es: Te necesito para odiarte, te necesito para que me sirvas. Esta situación se hace más evidente cuando Lucía queda ciega por accidente o premeditación de Sofía.

foto:monmouthcollege.edu
Poder, soledad y hombres descompuestos.

La trama, que comienza con el interrogatorio de Sofía acerca de la muerte de su hermana, sumerge al lector dentro del mundo solitario y claustrofóbico de Sofía. Ella está atada a una silla y la interrogan un detective, un psiquiatra, un abogado de oficio y está presente también un agresivo carcelero. Todos estos hombres cumplen una función dentro del sistema de justicia, pero no dejan de ser hombres maltratadores, abusivos y morbosos que se esconden detrás de su función administrativa, para también abusarla y denigrarla. Todos los hombres en la novela aparecen sin rostro o personalidad, no se sabe nada de ellos, son como sombras fantasmagóricas rodeando a la prisionera. Si le añadimos a esto que la autora decide ponernos dentro del asilo, la casa del abuelo, la celda, el cuarto de interrogatorio, creando una sensación de encerramiento total de la cual el lector difícilmente puede apartarse hasta que llegue el final la historia. Todos los elementos narrativos están inteligentemente puestos para hacernos sentir la profunda soledad de Sofía.

Cabe preguntarse cómo es que logra la autora mantenernos atados a los hilos de las desgracias del mundo bizarro de Sofía. ¿Qué es lo que hace que lo horroroso de la vida de Sofía nos ate hasta el final de la novela? ¿nos envuelve nuestra propia perversión voyerista? ¿nos circunda un hálito de esperanza solidario buscando una luz para las desgracias de Sofía? ¿nos alimenta un rechazo visceral a este tipo de relaciones familiares desastrosas que alguna vez nos han tocado vivir?

Una novela que escarba esas preguntas en el lector, merece leerse con atención.



(*) Autor de El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas (Pukiyari, 2014), El hotel que la habitaba (Puriyari, 2019), disponibles en Amazon.





Sunday, May 12, 2019

Crónicas del Olvido: DE ALGUNOS DETECTIVES PRIVADOS


—por Alberto Hernández—

1.-
Pasa muchas veces que nos dejamos llevar por los personajes de novelas apellidadas negras. Aunque con las otras, blancas o amarillas, pasa lo mismo, pero con las primeras somos realmente sujetos de cuidado en permanente riesgo. En ocasiones nos ponemos una gabardina, unos lentes oscuros y nos convertimos en personajes y andamos como avispas en la calle y hasta en la misma casa. Metemos la nariz en todas partes y bajamos un párpado para indagar cómo meter la llave en una cerradura o ver por el ojo mágico si la tierra ha girado a favor nuestro.

Bueno, los detectives privados. Sí, esos sujetos que suelen sabérselas todas, que antes del crimen ya saben quién es el homicida o buscan en todos los rincones de la psicología, gracias a la excelencia o no de sus creadores. Ellos, los detectives, han superado a los novelistas porque los nombres de los escritores se nos borran para dar paso a la acción y destrezas de quienes ambulan por la imaginación y luego son páginas que atrapan o no a los lectores.

Larga es la lista de títulos dedicados a este género que tuvo a Edgar Allan Poe como a uno de sus incitadores o iniciadores, sino el primero al menos el más visible, porque desde que el mundo es mundo, han existido los investigadores, a los que antes llamaban fisgones, espías, metiches, mirones, lazarillos, chismosos, acosadores, también soplones, etc. Claro, cuando nació el género cambiaron de pose y ahora son detectives, investigadores con chapa, corbatica y todo lo demás —con la excepción de Columbo, que andaba desaliñado—, y se codean —y hasta se pelean— con los policías de uniforme y con los mismos agentes oficiales que son los detectives pagados por el gobierno. Aunque en estos tiempos caóticos podrían ser calificados con otros nombres, tanto aquí como en otros lares. A esta hora, Julian Assange, quien se pasó y ahora vive su propia novela negra.

Pero que no se desvíe el río.

2.-
No me afano por fechas de aparición, saltitos cronológicos o necrológicos. No. Los nombro como la memoria me dicta, si es que la memoria dicta algo.
Le sigo los pasos a Johnny Dalmas, quien Raymond Chandler creó para sus cuentos, mientras Philip Marlowe recorre la ruta de sus novelas. Siempre al filo de cualquier cuchillo, Marlowe es digno representante del investigador que mantiene su nariz bien limpia.
Chester Himes nos acerca a Ataúd Johnson y Sepulturero Jones, un par que se las trae, mientras Lew Archer le da brillo al talento de Ross MacDonald.

Acodados en una esquina, como quien no quiere la cosa, Thomas Chastain, Henry Fowles y Bill Adler hacen el trío que B.J. Grieg inventó para todos los lectores fanáticos de este tipo de aventuras literarias. El género de la tensión nerviosa, para unos. Para otros, el género, que dicen menor, pero cómo les gusta.

No podía dejar de mencionar al gran Simenon, quien se ata los zapatos mientras inventa las peripecias y desventuras de Maigret. El escritor más prolífico, como la señora Agatha Christie y su imponderable Poirot.

Por su parte, Ellery Queen se deja llevar por Barney, y Sam Spade, desde su recorrido por las amarillas páginas que frecuenta Dashiell Hammett lo somete a seguir siendo parte relevante de su maltés halcón. Lo secunda Nick Charles, quien mira desde lejos los pasos de los que tantos que faltan en esta lista de detectives privados.

Investigadores que algunas veces terminan investigados.