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Sunday, March 1, 2020

Tiempos recios de Vargas LLosa: “NO ME CREAN”

—(*) Por Luis Fernández-Zavala, Ph.D.(*)—
 
Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra,
y Jehová repartió el mundo
a Coca-Cola Inc., Anaconda,
Ford Motors, y otras entidades:
la Compañía Frutera Inc.
se reservó lo más jugoso,
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como “Repúblicas Bananas”,
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa:
enajenó los albedríos
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadora de las moscas,
moscas Trujillos, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares,
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía.
—Pablo Neruda—


Casi al final de la presentación de su nueva novela TIEMPOS RECIOS (Alfaguara, 2019), en Casa América (Madrid), Mario Vargas Llosa nos desafía a que no le creamos. Un gesto autosuficiente que invita al lector a desengancharse de la textualización presentada en 351 páginas. ¿A qué se refería el peruano premio Nobel? Si es que no ha cambiado de discurso, podríamos asumir que se refería a que el poder persuasión de una novela es autónoma del mundo extratextualizado, la realidad. La novela es ficción, “una mentira” construida y arbitraria. (Letters to a Young Novelist,1997).

El escritor desea ser creído dentro de la textualización creada y no fuera de ella. La directriz de MVLL es clara y directa: lo que escribo a cerca del golpe militar a Jacobo Arbenz, el asesinato de Castillo Armas, la participación de la CIA y del dictador Trujillo en la Guatemala de 1954, se basan hechos acaecidos, eventos unívocos rastreados por la historia, pero la dinámica multifacética o lo plurívoco de cómo se cuentan los hechos son producto de mi imaginación.

No recuerdo si en esta misma conferencia (o a otro escritor) se le preguntó sobre el porcentaje de lo “real” y lo “fantasioso” en su novela; pregunta absurda de aquellos que creen ingenuamente que un cuento es mejor cuanto más se parezca a la realidad. Las frases: “esto me sucedió”, “esta historia es real” no son criterios para juzgar una obra literaria. El flujo narrativo, la intensidad de los personajes, la estructura compleja, el manejo de los tiempos, el uso del lenguaje y todo aquello que seduzca al lector a seguir amarrado a la narración es lo que cuenta; o sea todo lo que hace que una mentira sea bien escrita. En el caso, de la novela que nos ocupa, no se le debe pedir verosimilitud externa, sino congruencia interna. Algunos críticos, sobre todo guatemaltecos, le recriminan inexactitudes, como el hecho que mencione el ron Zacapa cuando éste todavía no se producía en 1954, o que la embajada norteamericana la ubique en un barrio también inexistente por esa época. Cabe recordar que, en La guerra y la paz, algunas de las batallas entre franceses y rusos, no sucedieron exactamente como las describe Tolstoi, “aún así, el mérito literario de esta obra es indiscutible y universal.
(La verdad de las mentiras)”.

En la edición de Alfaguara de Tiempos recios la carátula y el título son ciertamente atractivos. En la primera se presenta en forma recortada una pintura surrealista del artista mexicano Rufino Tamayo (1899-1991). La colorida imagen de una serpiente y un jaguar denotarían, con tintes folclóricos, la intensidad de las luchas durante los tiempos recios de la política latinoamericana. Sin embargo, hay que hacer notar que la pintura original está representando la confrontación entre el sol y la luna (día/noche) dentro de la cosmogonía náhuatl; Tamayo plasma en esta pintura las dualidades entre el bien y el mal, la luz contra oscuridad, la bondad frente al odio, aspectos que no se ven ni por asomo en la novela. No creo que se debió cercenar la pintura de Tamayo.

Con respecto al título, Vargas Llosa cita las palabras de Teresa de Ávila (1515-1582). La religiosa vivió momentos álgidos enfrentando tanto la Inquisición como la Contra Reforma protestante, sus “tiempos recios” son de carácter doctrinario y espiritual; los de Vargas Llosa son de violencia política.

La novela está dividida en tres grandes partes: Antes, 32 secciones (el grueso de la trama) y Después. Vargas Llosa elabora un relato que recuerda a sus mejores novelas en su estilo y en la estructura del texto (flashbacks, acciones simultáneas no coincidentes en el tiempo y el espacio, como la del capítulo VII). Los protagonistas de esta tragedia política son el presidente electo Jacobo Arbenz que quería modernizar el país aplicando una reforma agraria y es acusado de pro-comunista; Carlos Castillo Armas, el militar que ejecuta el golpe de estado y que después es asesinado; Abbes García, el cruel agente del dictador dominicano Trujillo, Marta Borrero, la bella amante de Armas, y la CIA con su agente que no se llamaba Mike. El contexto histórico de los tiempos recios es el de el Estado Oligárquico en América Latina (alianza política de los terratenientes con intereses externos, con un estado centralizado, excluyente y represivo) dentro del cual la única institución estatal funcionado al nivel nacional era el ejército. No es extraño entonces, que casi todos los personajes del drama político hayan sido militares.

En el Antes, MVLL nos contará cómo dos personajes norteamericanos juntan intereses y voluntades para crear una narrativa pública que justifique la intervención norteamericana en Guatemala dentro del contexto de la Guerra Fría. Sam Zemurray es el dueño de la bananera United Fruit que operaba en el Caribe y América Central, exportando sobre todo bananas y piñas a los Estados Unidos y Europa; y Edward L. Bernays es el publicista que usa tempranamente el fake news. Aquí lo interesante es que gracias a la imaginación del autor, el lector podrá poner carne a esas figuras que nunca aparecen cuando de conspiraciones se trata; por lo general estos se esconden bajo el anonimato de las corporaciones y las instituciones estatales.

Una vez que la decisión de la intervención fue tomada y apoyada por dos presidentes norteamericanos, los maquiavélicos conspiradores/lobistas portadores de intereses económicos específicos desaparecen de la escena y entran a tallar los actores secundarios de la tragedia centroamericana: militares, dictadores, políticos de pacotilla, sicarios, espías.

Los actores secundarios entran en escena y se despliegan en las siguientes 32 secciones de la novela que tienen diferente extensión. En la sección I se presenta a Miss Guatemala, Marta Borrero, poniendo énfasis en su origen de buena familia que se ve arruinado al salir embarazada a los quince años, producto de la relación clandestina con un amigo de su papá, veintiocho años más viejo. Ella se convertirá años más tarde en la amante de golpista Castillo Armas y el narrador la entrevistará en la parte final de la novela (Después). MVLL inicia y termina la novela con el mismo personaje, llevando al lector a en una especie de elipse en el tiempo. Sin embargo, entre la sección I y la XXXII, en el grueso de la trama, Miss Guatemala no aparece con un papel protagónico.

Uno a uno se los presentará como los títeres de la tragedia política en diversas situaciones y tiempos de la trama general. La bien organizada estructura de la novela va dosificando la información al lector, de tal forma que crea una sensación envolvente, que lo impulsa a poner juntos los pedacitos del rompecabezas según avanza en su lectura.

En Después el autor vuelve a estilo periodístico del inicio (Antes) con una entrevista a Marta Borrero. La ya octogenaria es presentada con un cariz seductor y de misterio digno de una diva de Hollywood. Cuando en la misma conferencia que mencioné al principio de esta nota, se le preguntó si realmente entrevistó a Zoila Gloria Bolaños (la verdadera Marta Borrero), MVLL respondió: “eso no te lo voy a responder”.

Finalmente, y como parte de la textualización, el narrador reflexiona sobre los acontecimientos de 1954 en Guatemala y las consecuencias para América Latina.

Hechas las sumas y las restas, la intervención norteamericana en Guatemala retrasó decenas de años la democratización del continente y costó millares de muertos, pues contribuyó a popularizar el mito de la revolución armada y el socialismo en toda América Latina.

Esta lectura de la historia es maniquea y no se deriva de lo textualizado en 351 páginas. Es una afirmación gratuita, como cuando señala que fue una “torpeza” (sinónimos: incultura, inocencia, descuido, imbecilidad, confusión) la actuación de los Estados Unidos en Guatemala, cuando de hecho, al principio de la novela, establece claramente que fue una política de estado mantener América Central como el patrio trasero de los Estados Unidos, es decir, como repúblicas bananeras, para satisfacer los mezquinos intereses económicos en juego.

La novela es entretenida y bien llevada, con la ya conocida y admirada técnica literaria de MVLL, hasta la página 349; pero en las paginas 350 y 351, el autor deja de mentir literariamente y le cede su voz al narrador para hacer fría y calculada ideología.

No le creamos.


(*) Autor de El hotel que la habitaba - Cuentos transhumantes (Pukiyari 2019), El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas (Pukiyari, 2014).